De pequeño me encantaba creer que dentro de los árboles existía todo un mundo lleno de aventuras, colores y diversión. Donde las hormigas se transformaban en seres increíbles, las raíces en fuentes de helado y los pájaros utilizaban carros de juguete para transportarse. Este mundo lo llamé: “Ele”, Ele siempre logró distraerme de lo que no me hacía bien, que un día triste se volviera en un día súper emocionante y llenar mi cabeza de historias repletas de emoción.

Ele llegó a mi vida a enseñarme que nada era imposible que, si me lo imaginaba, existía (por lo menos en mi cabeza). Pasaba horas de horas jugando y aprendiendo en ese mundo, todos los días había una aventura nueva donde el único objetivo era no aburrirse y divertirse de una manera diferente a los demás, obvio, porque ser igual a los demás es algo que me parece súper aburrido.

Cada año las historias avanzaban según las experiencias de mi vida, lo aburrido que pasaba en mi día se volvía increíble en Ele y eso hizo que hoy viera el mundo de una manera que a todos les gustaría.

Así como los atrapé con esta simple historia, podríamos cautivar a nuestro target todos los días para generar una relación más saludable y estable. Propongámonos generar más historias y menos contenido normal, ese que en lugar de aportar se vuelve uno más del montón. Seamos diferentes, vivamos en Ele.