El auge de la economía de la nostalgia y el video fluido multiformato en LATAM
Hace unos días me encontré viendo un video de casi una hora en YouTube. Lo curioso es que todo empezó con un clip de menos de 30 segundos. Eso me hizo pensar en algo que veo cada vez más, tanto en mi trabajo como en mis propios hábitos de consumo: las personas no necesariamente quieren contenido más corto, quieren contenido que les dé una razón para seguir viendo.
Soy Johan Hernández, Lead del Departamento de Producción Audiovisual y Animación de nuestra agencia desde hace más de dos años, y llevo más de nueve años trabajando en la industria audiovisual entre productoras, agencias y proyectos para distintas marcas. Durante este tiempo he visto cómo evolucionan las plataformas, cambian los formatos y aparecen nuevas tendencias, pero hay algo que se mantiene constante: las personas siguen conectando con el contenido que les genera una emoción o despierta su curiosidad.
Del clip al video largo: cómo descubrimos contenido hoy
Hoy hablamos mucho del video corto porque está en todas partes. TikTok, Reels y Shorts han transformado la manera en que descubrimos contenido. Sin embargo, desde mi experiencia tanto profesional como personal, no creo que esto signifique que las personas hayan dejado de consumir contenido largo. Más bien, el video corto se ha convertido en el primer paso del recorrido.
A mí me sucede constantemente. Veo un video corto que capta mi atención y termino buscando la versión completa en YouTube. Muchas veces paso de un clip de 30 segundos a una entrevista de una hora, un documental o un análisis mucho más profundo. Pero para que eso ocurra, el contenido debe hacer bien su trabajo:
- Tener un tema interesante.
- Una edición dinámica.
- Un gancho claro desde los primeros segundos.
- Y un cierre que despierte la necesidad de saber más.
El crecimiento del streaming también ha reforzado este comportamiento. Hoy es común descubrir a un creador o una marca a través de un clip en TikTok, Instagram o YouTube Shorts y terminar siguiéndolo en plataformas donde el contenido es mucho más extenso, como YouTube, Twitch o Kick. El contenido corto se ha convertido en una especie de tráiler que despierta interés, mientras que las plataformas de video largo y streaming son donde realmente se construye la comunidad, la confianza y la conexión con la audiencia. Ya no hablamos de usuarios que consumen una sola plataforma, sino de audiencias que se mueven constantemente entre formatos y canales según el tipo de contenido que buscan.
La economía de la nostalgia: conectar desde la emoción
Por otro lado, hay una tendencia que está tomando cada vez más fuerza y que considero especialmente relevante para las marcas: la economía de la nostalgia.
Estamos viendo cómo referencias visuales, musicales y culturales de los años 90 y 2000 vuelven a conectar con las audiencias. La razón es sencilla: la nostalgia genera emociones inmediatas. Nos recuerda momentos, experiencias y etapas de nuestra vida que ya tienen un significado emocional para nosotros.
Ecosistemas de contenido y el reto para las marcas
Desde el área de producción audiovisual, esto representa una oportunidad muy valiosa. Las marcas ya no deberían pensar en piezas aisladas para una sola plataforma, sino en ecosistemas de contenido donde cada formato cumpla una función específica:
- El video corto puede generar descubrimiento, alcance e interés.
- El contenido de larga duración puede profundizar en una historia, explicar un servicio o fortalecer la confianza de una audiencia.
Esto es especialmente importante para las marcas corporativas e institucionales. Existe la percepción de que conectar con públicos jóvenes es más difícil cuando se ofrecen servicios técnicos o institucionales, pero considero que el verdadero reto no está en el producto o servicio, sino en la forma de comunicarlo.
Las nuevas generaciones valoran la autenticidad. Quieren historias reales, contenido educativo que aporte valor, experiencias humanas y formatos que hablen su mismo lenguaje.
Mostrar el impacto que tienen los servicios en la vida de las personas, compartir casos reales, abrir espacios detrás de cámaras, aprovechar tendencias visuales y utilizar narrativas cercanas puede generar una conexión mucho más efectiva que una comunicación excesivamente formal.
Además, las marcas tienen una oportunidad enorme para inspirarse en lo que hacen muchos creadores de contenido. No se trata de convertirse en influencers, sino de entender qué mantiene a una audiencia interesada: un buen gancho inicial, una historia clara, un ritmo dinámico y una recompensa para quien se queda hasta el final son elementos que funcionan independientemente de si hablamos de entretenimiento, educación o comunicación institucional.
Construir experiencias, no solo videos
Al final, no se trata de elegir entre video corto o video largo. Se trata de entender cómo conviven ambos formatos y cómo pueden complementarse para construir una experiencia más completa. Si además logramos incorporar elementos emocionales como la nostalgia de forma auténtica y estratégica, las marcas tendrán mayores posibilidades de generar recordación, afinidad y relaciones más sólidas con las nuevas generaciones.